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itaca
05-03-2006 15:15:02 - EZLN - Leido 106 veces
La otra campaña es en sí misma una paradoja. Una gran paradoja. La paradoja de una nación y de un pueblo entero. Combate el capitalismo usando como arma lo único que de ese sistema ha recibido: dolor.

La noche del miércoles en Tepeji, en un encuentro menos formal y más íntimo, se compartió el árido dolor del Valle del mezquital. Enclave de contrastes, de vastos valles verdes regados por canales putrefactos, rodeado de montañas que lloran, desnudas, laceradas por cárcavas blanquizcas.
En esa caliente aridez, entre vastedades infértiles, despunta el Árbol de Josué. Se yergue altivo, desafiante, digno. De su enorme tronco se desprenden verdes lanzas que apuntan en todas direcciones y de ellas, racimos de flores de blanca pureza.


Una mujer mayor vestida con ropas blancas se paró enfrente de todos. Su cara reflejaba la erosión de los años y su mirada la profundidad del cielo claro. Llevaba una especie de capa de una tela rústica, abierta, de un tono azul, traslúcida. La dureza de la luz de las bombillas atravesaba la capa y cubría a la mujer de una luz azulada, como una áurea.
La mujer se dirigió a todos con claridad y delicada contundencia. Habló como lo hacen los arroyos cristalinos recién nacidos en la montaña. Habló de su lucha “para que la gente vuelva a vivir con esa dignidad como nos dejaron los abuelos”.
Me le acerqué al final del encuentro. Dialogamos. Ella conversaba con voz de madre sabia.

"El primer paso es sentir el dolor del otro. Si no sientes el dolor del otro jamás puedes decir sí, ni puedes decir Ya basta”.

Mas sentir el dolor del otro implica la existencia de quienes son, más allá de uno como individuo. Implica el sentido del nosotros, de la comunidad. “Lo principal en este mundo es la vida comunitaria. Lo que yo soy, soy para los demás”.

En este proceso de La otra nos acercamos unos a otros por lo que todos tenemos en común: dolor. El dolor es un agujero en el corazón. Todos los dolores puestos juntos son una fosa en el corazón de la tierra: llueve y se crea un lago en donde se refleja el horizonte, la esperanza. “Ya se empieza a ver camino: el que vayan dando respuesta los mismos hermanos y que nos vayamos identificando con otros que van sufriendo lo mismo, las mismas injusticias, la misma exclusión. Eso va haciendo que nos vayamos uniendo, que vayamos diciendo sí”.

La otra campaña, en esta primera etapa, es como la faena de los albañiles. Recorremos como hormigas los andamios, agachados por el pesado bote del dolor impuesto que llevamos sobre el hombro. Cargar el bote de un lado a otro, solos, no tiene sentido. Sin embargo, una vez reunidos, juntos, descolgamos la, tan a menudo, insoportable carga y la vertemos parejos para hacer la gran mezcla, la argamasa. Ahí el dolor cobra significado. Deja de hacerse pesado el camino. Se mira que el batallar, el sufrir, sirve para tener un lugar en la obra y que la carga de todos es la materia con la que vamos cimentando una casa para todos. El ver que mi dolor cuenta, y el ver mi dolor reflejado en los dolores de otros como yo, es una profunda lección. Me enseña que el valor que tengo es por mi lugar dentro del nosotros, dentro de ese nosotros de quienes compartimos lo que todos tenemos en común: dolor.
Ahí puede estar la definición de lo que significa ser de abajo y a la izquierda.

El dolor de todos nos une. Tengo valor por el dolor que llevo. Me doy cuenta de la existencia y de la vida del otro a través de su dolor como espejo del mío. Sumo mi dolor al de los otros. Junto tomamos ese dolor y decimos “Ya basta”. Es el dolor el arma que nos une y descubrimos nuestro valor para enfrentar al que nos oprime, al que nos hiere, al que atenta contra nuestra vida. Destruimos los muros de la exclusión y construimos una gran casa abierta en donde hay habitaciones y espacio para todos, trabajo para todos, dignidad.

“Entonces yo creo que sí hay una gran esperanza. La que La otra campaña va sembrando en todas las comunidades por donde va pasando”.

La mujer se despidió con una sonrisa. Con la inocencia de quien conoce el camino y camina jugando, divertida.
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